Tus zapatos marrones de cuero.
Tus labios desmesurados.
Tu mirada de miel cegadora.
Tu risa desmedida.
Tus camisas de algodón a cuadros.
Tus abrazos desahogados.
Tu timidez apacible.
Tu personalidad improvisada.
Quizás todo eso que tenés, y todo eso que no,
me llevó a escribir sobre vos.